Sin buenos gráficos, no juego

Con la llegada de la nueva generación de consolas he retomado con intensidad mi dedicación al mundo de los videojuegos, hacía como ocho años que no le brindaba tanto tiempo; cada época tiene lo suyo y uno se debe a su presente y a lo que este le demanda. De manera que he regresado con ganas, compro juegos muy a menudo, los disfruto y doy buena cuenta de ellos a un ritmo brutal. Tanto es así que en ocasiones me pienso desbordado, totalmente ebrio por el vicio de golpear las teclas del mando hasta “pasar pantalla”, como antes solía decirse.

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Sería de ciegos no percatarse de cómo ha cambiado el sector durante estos últimos años, uno apaga su consola (la de entonces) en 2006 y cuando vuelve a encenderla (la de ahora) en 2014 ya nada es lo mismo. El futuro ocurre de pronto, cae a plomo en un único instante, y la visión del entonces cambia por completo y se convierte en la visión del ahora. Y el ahora comprende una revolución gráfica que en poco recuerda a mis últimas partidas a videojuegos. Aquellas partidas añejas.

Y así es como uno se da de frente contra el muro de los gráficos, de lo que verdaderamente importa a la hora de estar enfrente de un televisor de pantalla plana con 40 pulgadas o superior y conexión HDMI en alta definición con la consola de turno y conectada a un 5.1 o a unos cascos que emulan el 5.1 o el 7.1 o qué sé yo… En resumen, potencia. Amamos, deseamos, necesitamos, la potencia (gráfica y sonora). 60 fps, 1080p y el tío que manejamos aparenta ser más real que nosotros mismos cuando, de buena mañana, amanecemos delante del espejo en el cuarto de baño para asearnos. Menuda caída de frames la nuestra a primera hora, ¿verdad?

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Pero eso no importa. Lo que importa es llegar a casa temprano, pertrecharnos en el sofá, encender la consola y tener una visión potente (cuanto más potente mejor) del juego al que estamos jugando. Da igual lo demás, a la mierda con todo: trama, atmósfera, narrativa, variedad, originalidad, diseño de personajes y escenarios… A la mierda.

Y a la mierda con los giros argumentales, las sorpresas, emociones y sensaciones que puede transmitir todo eso que no es potencia, que no es, digamos, chapa y pintura aplicadas a un muy alto nivel. Patrañas que no consiguen sino desviar nuestra atención de lo que en verdad importa: los gráficos. Así sí se puede jugar a videojuegos. De otro modo, no. Ya no. Impensable.

Ciertamente, desde esta visión del ahora, rejugar un clásico significa poco menos que un suplicio o un sacrilegio. De hecho, pienso en todo el tiempo que empleé en el pasado jugando a videojuegos que a día de hoy son portadores de una calidad gráfica mediocre, y no entiendo cómo pude sufrir tantísimo sin ser consciente de ello. De verdad, no me lo explico.

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Por todo, tenedlo claro, hemos de negar generaciones pasadas. También hemos de negar aquellos juegos actuales que, revestidos de una potencia gráfica que no está a la altura del ahora, pretenden hacérnoslo pasar tan bien como si de aquel entonces se tratara. Así es que, recordadlo, no os fiéis, no dejéis que esos juegos crucen los ranuras de vuestras consolas pues corréis el riesgo de disfrutar de la experiencia hasta límites insospechados.

Comprenderéis, dicho sea de paso, que no están los tiempos como para ir por ahí dando el brazo a torcer. Eso nunca. Ni en broma.

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Escrito por: Maraz

Amante de los videojuegos, la literatura, el arte y el cine de Hitchcock. Descubrí la perfección en The legend of dragoon y entré en una dimensión nueva jugando a los primeros Resident Evil. Las dos consolas que me han marcado: PSX y Game Cube. Cada día me sorprendo y, cuando ocurre, lo dejo escrito en un papel.

  • Raúl Cruz Soto

    Completamente en desacuerdo contigo jajajajaja Irónicamente bueno…

  • Hay que captar la ironia del artículo. Me encanta que los juegos tengan buenos graficos, pero no es ni por asomo lo mas importante. Hay juegos que graficamente son muy buenos pero que su historia y su jugabilidad son vacias y también justo lo contrario. Un buen equilibrio como en TLOU o en los FF es lo suyo. Buen artículo.

    • Me he pasado algún que otro shotter que se suponía que eran el máximo referente en gráficos, de esos que te fríen el PC, y me han aburrido cosa mala. Crysis 3 sin ir más lejos, soso y aburrido, muy bonitos los gráficos, pero me aburría con los tiroteos.

      Y luego me cae en las manos el típico juego patito feo que han apaleado y hundido en el fango como puede ser Spec Ops: The Line y disfrutar como un autentico gorrino con una jugabilidad más simple que el mecanismo de un yo-yo, pero con una narrativa y crudeza de un buen par de cojones que jamás veremos ni por asomo en un Call of Duty.

  • Gran artículo, muy ingenioso.