La tierra prohibida

El verano había llegado a su clímax. Cerca de una tranquila aldea, en un pequeño lago junto a un gran prado, se escuchaban las risas de dos jóvenes que comenzaban a experimentar algo más que una amistad que duraba ya dieciocho largos años.

Wanda y Mono se tumbaron en la cómoda hierba para secar sus cuerpos con la ayuda de los rayos del sol. El joven miró fijamente a Mono mientras le agarraba fuerte pero cariñosamente la mano. Ninguno de los dos habló, no hacía falta, la sonrisa que se dibujaba en sus rostros lo decía todo.

Al día siguiente, Wanda se levantó con una extraña e incómoda sensación en el cuerpo. Mientras trabajaba en los huertos, ese malestar iba en aumento pero le calmaba que pocas horas después se encontraría con Mono en el lago. Debido a esto no se percató que un par de hombres no habían acudido esa mañana a trabajar.

La pierna del joven adolescente no paraba de moverse, la sensación con la que se había levantado por la mañana se multiplicaba por mil a cada segundo. Había pasado casi media hora desde la hora de su encuentro y Mono no había aparecido, algo extraño ya que, si algo caracterizaba a la joven aparte de su belleza y su amabilidad, era su puntualidad.

Sus ojos detectaron a lo lejos como el cielo comenzaba a ensuciarse debido a una gran cantidad de humo. Su mano agarró con fuerza el césped y arrancó una gran cantidad de éste mientras se levantaba de un salto y comenzaba a correr. Corría velozmente, no paraba de decirse que al menos por una vez, esperaba que su infalible intuición fallara.

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Conforme se acercaba al humo, contempló una gran hoguera y algo que hizo que se le helara el corazón. Dos hombres jóvenes y uno algo más mayor, semidesnudos y con unas máscaras rojizas de aspecto demoníaco, bailaban al rededor del cuerpo de Mono mientras gritaban en un dialecto que le era totalmente desconocido.

Uno de los hombres jóvenes se dirigía junto al hombre mayor a una pequeña cabaña situada unos metros más adelante, mientras este último le decía algo al tercero mientras señalaba el cuerpo de la joven.

Wanda no lo dudó ni un segundo y en cuanto el enmascarado le dio la espalda, se avalanzó sobre él agarrándolo con el antebrazo por el cuello hasta que dejó de respirar. Al caer el cuerpo, su rostro quedó descubierto y su sorpresa fue ver que se trataba de Zohan, amigo suyo y compañero de trabajo en los huertos.

Comenzó a llamar a Mono mientras trataba de moverla, pero la chica no reaccionaba. Asustado y antes de que los otros dos hombres volvieran, levantó el cuerpo y corrió hacia la aldea.

Los padres de la joven confirmaron la muerte de Mono y ninguno pareció reaccionar ante el relato de Wanda sobre el extraño ritual que acababa de presenciar.

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La luz de la luna iluminaba la oscura habitación. Wanda no paraba de dar vueltas en la cama, mientras intentaba asimilar que todo aquello era real y unas preguntas no paraban de repetirse en su cabeza, ¿por que Mono? ¿por que nadie de la aldea parecía importarle que había fallecido en un extraño ritual?

De repente le vino a la cabeza una antigua leyenda que los ancianos del lugar comentaban cada año. La leyenda de la tierra prohibida,en las montañas del norte, separada del mundo por un kilométrico y milenario puente de piedra. Los ancianos contaban que en aquellas tierras se levantaba un imponente templo en el que habitaba Dormin, un poderoso espítiru cuyo poder era tan potente que era capaz de devolver a los muertos a la vida.

-¡Debo intentarlo! – exclamo mientras bajaba las escaleras y se dirigía a un pequeño establo en el que dormía plácidamente Agro, su fiel caballo de pelo oscuro el cual era el último regalo que le había hecho su desaparecido padre.

Tomó con cuidado el cuerpo de su amada y salió de la iglesia no sin antes asegurarse de que no había nadie en la calle que pudiera descubrirle.

La subió con sumo cuidado a lomos de Agro y mientras con su mano izquierda sujetaba el cuerpo de Mono, con la derecha antes de agarrar las riendas, acarició el rostro de su amigo mientras le susurró algo al oído.

Lentamente se encaminaron hacia su lejano y ansiado destino. No le importaba si era un lugar prohibido, Wanda ya no tenía nada que perder. Si Dormin y aquella antigua leyenda eran ciertas, tenia que agarrarse a ese clavo ardiendo con todas sus fuerzas, sin importarle el precio a pagar.

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Escrito por: Rygar

Natural de Nosgoth, me convertí en Seed en el prestigioso Jardín de Balamb y sobreviví al desastre de la mansión Spencer. Soy propietario de un piso en Liberty City,varios terrenos en Shadow Moses y una cámara capaz de ver espíritus. Por supuesto no puedo olvidarme de mi mascota, un duendecillo con un farol en la nariz llamado Drippy. Suelo veranear en Silent Hill junto a mis colegas Nemesis y Pyramid Head.

  • Maraz

    Genial. Qué buen texto. Has hilado una prehistoria del juego maravillosa. Ya podían tomar nota los del Team Ico y sacar de aquí un guíon para una precuela del Shadow of the Colossus xD. Enhorabuena, se nota que has disfrutado escribiéndolo. Yo también leyéndolo 🙂

    • Muchas gracias. Yo encantado si me fichan los del Team Ico jeje. Si, he disfrutado mucho escribiendola y me alegra saber que vosotros también leyendola.

  • DaniM

    Me he estado imaginando las secuencias a medida que iba leyendo. Gran prólogo e increíble videojuego. Cualquiera podría haberlo incluido en su inicio sin desmerecer.