El invierno en The last of us

El mundo se apaga. La vida es una hoguera en ascuas y, de no conseguir nuestro propósito, acabará convirtiéndose en un simple cerco formado por cenizas frías. Un vacío insalvable. Una nada imposible hecha realidad.

Estamos en invierno. Afuera nieva, caen copos como pedazos de nube. Hace un frío intenso y apenas hay caza en los bosques. Llevamos varios días sin probar bocado. Joel resiste, pero ¿por cuánto tiempo? Sigue inconsciente y débil. Cada vez les cuesta más esfuerzo respirar a sus pulmones. Su pulso es un reloj de arena que se agota.

He cogido el arco, un puñado de flechas (las últimas que nos quedan) y el caballo, y he salido a cazar. Espero tener suerte, quizá pueda dar con algún animalillo confuso al que el frío le haya privado de movimientos. No tendremos muchas más oportunidades. Debo lograrlo, hoy, ahora, si no quiero traer la muerte para Joel. Y también para mí.

1

Le he acertado de lleno; la flecha le entró por un costado y le salió por el otro. No ha tenido opción de respuesta y ya no la tendrá nunca. Lo malo de morirse es que no hay posibilidad de enmendar nada, como una forma de enseñar sin aprender, y por tanto sin poder poner en práctica lo no enseñado. Ah, por dios, creo que es el hambre… Me hace delirar. Será mejor que regrese, todavía tengo que preparar la carne de este conejo para Joel. Después veré cómo hacerlo para que coma.

El sonido de una rama al partirse me ha cogido por sorpresa y me ha sobresaltado. Me he vuelto a tiempo de advertir la presencia de un ciervo, un hermoso ejemplar que supera con mucho los cien kilos de peso y que parece algo desorientado mientras busca pasto bajo el nítido manto de nieve. El ciervo, de pronto, ha echado a correr directo al corazón del bosque, y yo he decidido perseguirlo. No me gustaría adentrarme demasiado, podría perderme y pagar muy caro la osadía de enfrentarme a un animal como este en su propio hábitat, pero su carne es un bocado seguro para varias semanas.

2

El bosque, denso y frío, se cierra. Me muevo sigilosa entre los árboles. Libro un muro de roca y, apostada tras unas hierbas altas, tenso mi arco y disparo. La punta de acero rompe la quietud del aire. El ciervo se mueve rápido. La flecha se pierde en la espesura de la nieve. Avanzo. Me dejo caer, resbalando, por una pendiente pronunciada, entre piedras de gran tamaño. Rodeo otro muro de roca, quiero engañar al ciervo, cogerlo desprevenido. Una vez más, tenso el arco y disparo. La flecha silba en movimiento y cubre la distancia que separa al animal de mí. El impacto es certero: la nieve virgen se mancha con el rojo fuego de la sangre. El ciervo, renqueante pero vivo, huye. Voy tras él sin mostrar piedad.

El reguero de sangre me conduce, bosque a través, al mismísimo centro del invierno. Las ruinas de una antigua serrería cobran forma entre los árboles. El ciervo, no hay duda, ha cruzado esta zona. El charco es ahora más denso y su tono más profundo que antes. Huelo la muerte de cerca. Aguanta un poco, Joel, enseguida estaré contigo. En medio de las ruinas se abre un claro. El ciervo está ahí, desplomado y sin vida. Me acerco, cauta, desconfiada. El cuerpo del animal yace caliente sobre una alfombra de hielo: mi flecha le alcanzó el corazón. Estoy de suerte, es una pieza enorme. Muy valiosa.

3

¡Cuidado! De pronto intuyo la presencia de gente tras de mí. Me giro con rapidez al tiempo que tenso con fuerza el arco. Hay un árbol grande, de tronco ancho y robusto, frente a mí, y varias huellas grabadas en la nieve. “¿Quién es?” “¡Salid!”. Me muevo despacio para abrir el ángulo. “Hola… Solo queremos hablar”. No lo creo, me digo. Es una trampa. Está claro. Aparecen dos hombres armados con rifles. Les pido que no se muevan y, de hacerlo, amenazo con meterles una flecha entre ojo y ojo. Me miran con una falsa sincerad, como miran los lobos cuando andan preparando su ataque a varios metros del cordero. Solo que, en contra de lo que pueda parecer, ellos son el cordero. Y yo, por tanto, el lobo.

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Escrito por: Maraz

Amante de los videojuegos, la literatura, el arte y el cine de Hitchcock. Descubrí la perfección en The legend of dragoon y entré en una dimensión nueva jugando a los primeros Resident Evil. Las dos consolas que me han marcado: PSX y Game Cube. Cada día me sorprendo y, cuando ocurre, lo dejo escrito en un papel.

  • Gryfhus

    Buaah.. Pero ahora que viene?? Hay flecha entre ojo y ojo o se caga y la matan? XD

  • Maraz

    Lo siento pero no puedo revelar nada. Sony me ha puesto en nómina para vender más consolas. Si quieres saber cómo acaba, ya sabes, píllate una PS4 y un The last of us xD

    • Gryfhus

      algún dia te enseño mi platinazo de the last of us xD Junio de 2013 como dice Rygar, que pedazo de juego jajaja

  • Ufff gran artículo. Al leerlo he retrocedido a junio de 2013 y he vuelto a recordar una de las mejores experiencias que he tenido como jugador como es jugar a The Last of Us.

  • DaniM

    Qué tensión. Me quito el sombrero ante su prosa señor Maraz 😉